No es posible comparar el Creador –exaltado sea– con Su creación, buscando la intercesión o la cercanía, cualquier comparación es insuficiente para sostener que un hombre piadoso o un Profeta o la madre de un Profeta debido a sus atributos pueda acercarnos o interceder por nosotros ante quien posee los atributos más excelsos y supremos, los musulmanes respetan los Profetas (as) y siguen su camino, pero no les toman como intercesores; Allah –exaltado sea– ha sido claro al decir sobre sí mismos, en la surah de la consulta:
[…] No hay nada ni nadie semejante a Allah, y Él es Omnioyente, Omnividente. (42, 11)
En síntesis, inclusive los asociadores reconocían el señorío de Allah –exaltado sea– pero su orgullo y el susurro de Satanás los alejaban de adorarle; pues quien reconoce que su Creador es Uno y Único porqué ha de adorar la creación que ni siquiera posee el poder de crear, sustentar ni ordenar, ni tiene los atributos o las capacidades del Creador –exaltado sea–, tal como se menciona en la surah de José (as):
La mayoría de los hombres no creen en Allah sin atribuirle copartícipes. (12, 106)
Así pues, los asociadores de la época del Profeta Muḥammad conocían la importancia y el valor del testimonio de fe islámico, por ello buscaron desmentir el taūḥīd, el Profeta y el mensaje que trasmitía. La pregunta es: ¿Qué tan lejos se encuentran quienes asocian a Allah –exaltado sea– en la actualidad respecto a los asociadores que se mencionan en el sagrado Corán?
La prueba de esto es la palabra de Allah –exaltado sea–
Pregúntales: ¿Quién os sustenta con las gracias del cielo y de la tierra? ¿Quién os agració con el oído y la vista? ¿Quién hace surgir lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo? ¿Quién tiene bajo su poder todas las cosas? Responderán: ¡Allah! Di: ¿Acaso no Le vais a temer? (10, 31)
Esta aleya se dirige a quienes asociaban con Allah –exaltado sea– aquello que no posee poder aun cuando conocían que el sustento les proviene de Allah –exaltado sea–, quien ha creado el cielo y la tierra, junto a lo que se encuentra entre ellas visible o invisible, y quien reflexione éstas y otras bendiciones se da cuenta que todas provienen del Creador –exaltado sea–, el único que merece ser adorado.
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