Otro argumento muy común entre los asociadores al recibir el mensaje del taūḥīd es que sus padres y antepasados nunca han escuchado tal mensaje, y si lo recibieron lo mezclaron con politeísmo, asociación o ideas filosóficas y teológicas que han surgido entre los hombres a lo largo de la historia gracias a sus desarrollos intelectuales.
Por ejemplo, los pueblos de ‘Ād y Ṯamūd replicaban a los Profetas (as) su humanidad, en la surah Los preceptos detallados:
Pero si [los incrédulos] se apartan [luego de presentarles una clara evidencia del poder divino], diles: Os he advertido [que podría azotaros] un castigo como el de ‘Ād y Zamūd.
Cuando se les presentaron los Mensajeros, unos después de otros, quienes les transmitían: No adoréis sino a Allah. Respondían: Si nuestro Señor hubiera querido [guiarnos] nos habría enviado un Ángel [como Mensajero, y no un hombre], por cierto que no creemos en vuestra misión. (41, 13-14)
No es condición que el mensaje divino sea enviado por un ángel, sino que el transmisor practique tal mensaje, posea milagros que demuestren su profecía y posea la mayor prueba: el mensaje mismo.
Los asociadores conocían el “taūḥīd del señorío”, es decir que Allah –exaltado sea– es el creador de los cielos y la tierra y de todo lo que se encuentra entre ellos, es el sustentador de sus siervos, quien administra los asuntos de Su creación y a pesar de ello no aceptaron el mensaje del Islam y, por el contrario, continuaron “adorando” sus divinidades.
Los asociadores de la época del Profeta Muḥammad (saus) sabían que Allah –exaltado sea– es el único Creador y que el término divinidad (al-ilaha) significa el que es adorado (ma‘būd), por lo tanto, conocían el significado del testimonio de fe islámico “no hay más divinidad que Allah (la ilaha ila Allah)”, es decir, Allah –exaltado sea– es el único merecedor de adoración y, por lo tanto, cualquier otro que sea adorado corresponde a una adoración falsa (bāṭil).
Cuando los incrédulos escucharon la divulgación del testimonio de fe del Islam, entendieron su significado y sabían que creer en el Islam significaba dejar de creer y “adorar” sus divinidades, tal es la consecuencia de entender el testimonio de fe sólo desde el “taūḥīd del señorío”, limitarse a creer que Allah –exaltado sea– es el único Creador y por lo tanto dejar la puerta abierta a la existencia de otros dioses y a la posibilidad de adorarles, tal error se muestra en las palabras de los asociadores al decir:
¿Acaso pretende [Muḥammad] que en vez de muchos ídolos adoremos a una sola divinidad? Por cierto que ello es algo insólito. (38, 5)
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