Las comunidades previas tenían conocimiento del señorío y la unicidad divinas, por ejemplo, el pueblo del Profeta Noé (as) del que se nos narra su respuesta en el Sagrado Corán en la surah titulada Los creyentes:
Y los nobles que no creyeron de su pueblo dijeron [a los más débiles]: Éste es un mortal como vosotros que sólo pretende poder. Si Allah hubiera querido [que sólo Le adorásemos a Él] habría enviado Ángeles [en lugar de hombres]. Por cierto que nunca oímos algo similar de nuestros antepasados,
En verdad [Noé] no es más que un demente; soportadle por un tiempo [hasta que muera].
Dijo Noé: ¡Oh, Señor mío! Socórreme, pues ellos me desmienten. (23, 24-26)
En la historia de Noé (as) con su pueblo, encontraremos muchas de las reacciones que cualquier musulmán y musulmana enfrentan al llamar al mensaje de la adoración de Allah –exaltado sea– sin asociado alguno, con sus hijos, padres, amigos o compañeros de trabajo, para entender este llamado y sus reacciones recomendamos la lectura de la surah del Gloriosos Corán llamada Noé –número 71– con su interpretación por parte de los sabios musulmanes; si bien todas las historias de los Profetas (as) que se encuentran en el sagrado Corán son grandes enseñanzas para todo aquel que quiera compartir la misericordia, bendición y felicidad que se reciben al conocer y retornar a la religión de los Profetas (as), el Islam.
Inclusive los incrédulos le han dado apelativos a los Profetas (as) al negar su mensaje y para que aquellos entre su gente no lo escuchasen, al Profeta Noé le llamaron loco al construir un arca en medio del desierto por orden divina, posteriormente Allah –exaltado sea– hizo que tales incrédulos vieran la verdad; y nos muestra cómo en la historia de Noé y su hijo, a quien su Padre compasivo quería salvar del castigo, hay una gran enseñanza para saber que la perdición y la salvación no dependen de las raíces, la procedencia, la raza o la posición social sino en las creencias correctas y la práctica de las órdenes divinas.
Allah –exaltado sea– menciona el mensaje trasmitido mediante su siervo y Mensajero Noé (as), el primero de los Mensajeros enviados a la humanidad, su pueblo adoraba ídolos y Noé (as) les ordenaba alejarse de ellos y adorar sólo a Allah –exaltado sea– con sinceridad, pues la divinidad y la adoración sólo le pertenecen a Allah –exaltado sea–; ante esto los asociadores respondieron con un argumento utilizado contra muchos Profetas (as): su humanidad, por ello Allah –exaltado sea– envió a los Profetas (as) con milagros para qué se reconociera que transmitían un mensaje divino aun siendo humanos, pues ninguno de ellos pudiera realizar tal milagro sin el permiso de Allah –exaltado sea–.
Allah –exaltado sea– pudo haber enviado ángeles u otras creaciones para que ordenaran a los hombres adorarle, pero en su sabiduría está el haber enviado hombres que eran Profetas (as), para sentir una cercanía humana con el mensaje divino y no una imposición.2.
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