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Instituto Alif

Estudios Islámicos y de Lengua Árabe (Cursos Online y Gratuitos)

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Interpretación surah de La Vaca (2.22)

Él hizo de la Tierra un lugar habitable para vosotros y del cielo un techo, e hizo descender la lluvia del cielo con la que hace brotar frutos para vuestro sustento. No asociéis, pues, copartícipes a Allah, siendo que sabéis [que Él es el único Creador]. (2.22)

Interpretación:

Allah –exaltado sea– ha hecho de la tierra (al-arḍ) un lugar fácil para vivir (firasha), del cielo (as-samā’) una estructura firme (binā’) y descendió desde el cielo (anzala min as-sama’) la lluvia para que crezcan frutos (thamarāt) de diversos colores y plantas de diferentes tipos como sustento (rizq) para todos. Así es que no debemos asociar en la adoración a Allah –exaltado sea– alguna de Sus creaciones, pues conocemos la singularidad del Creador y la necesidad de adorarle sin coparticipes (andāḍ).

Entre las bendiciones de Allah –exaltado sea– para el ser humano se encuentran la tierra, dispuesta para servir de abrigo, cultivo y el resto de los beneficios que podemos extraer de ella, así mismo el cielo, del cual desciende el agua con la cual crecen los cereales, los frutos y todo lo que el ser humano y los animales pueden comer para suplir sus necesidades básicas.

A pesar de recibir estas bendiciones por parte del Creador –exaltado sea– los seres humanos han asociado con Allah –exaltado sea– su creación, comparándola con Allah –exaltado sea–, inclusive amándola y adorándola como si fuera Allah –exaltado sea– a pesar de ser también creaciones sin capacidad de crearse a sí mismos, sustentarse, beneficiar o perjudicar a quienes dicen adorarles, aunque muchos de los asociadores saben que Allah –exaltado sea– es el único Creador, Sustentador y Ordenador, por lo tanto el único que merece ser adorado.

Estas reflexiones son una de las tantas pruebas coránicas que demuestran la necesidad de adorar a Allah –exaltado sea– sin asociado alguno y la falsedad que existe en la adoración de su creación; así mismo son una mención del tawhīd ar-rubbūbīah o la unicidad del señorío, es decir, del Creador como único Señor de la Creación entera y, por lo tanto, de la invalidez de la asociación en los actos de adoración.

Después de recibir tantas misericordias y bendiciones es increíble como el hombre, a pesar de ellas, asocia al Sustentador –exaltado sea– en su adoración. Por ello ha dicho Ibn ‘Abbas que esta orden, de no asociar nada ni nadie en nuestra asociación, significa: “no asocien nada ni nadie con Allah, pues ellos [los que toman por iguales al Creador] no traen beneficio ni daño, aun sabiendo ustedes que su sustento proviene del Señor Uno y Único y han sabido que el Profeta de Allah –la paz y las bendiciones de Allah sean con él– los ha llamado a la unidad y la unicidad, a la verdad que no encuentra dudas”.

Lo cual queda bellamente explicado cuando Ibn Kaṯīr explica: “el Creador de estas cosas es el [Único] merecedor de la adoración”.

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