La misericordia es un atributo de quienes llaman al Islam con sinceridad, de quienes ordenan el bien y se corrigen a sí mismos para luego corregir a los demás; de hecho, la pedagogía islámica y la ética del sabio musulmán incluyen el ser misericordioso con sus estudiantes al transmitir los conocimientos. Así que si no eres misericordioso ni paciente con quienes dialogas, con quienes te escuchan, debes pensar bien si tu intención es transmitir un mensaje o imponerlo.
El sabio musulmán Ibn Qaīm al-Ŷauzi comenzó su libro sobre la importancia de las súplicas (al-Uabil aṣ-ṣaīb min al-kalam aṭ-ṭaīb) escribiendo:
“La felicidad [se da] en tres [asuntos]: el agradecer la misericordia [divina], la paciencia ante la calamidad y el arrepentimiento del pecado”
Por eso hace una súplica al iniciar su libro: “y que Allah […] les permita estar entre quienes si se les da misericordias agradecen, si se les pone a prueba son pacientes y si cometen un pecado se arrepienten. Pues estos tres asuntos son motivo de felicidad para el siervo [de Dios] y símbolo del éxito en esta vida y en la siguiente”[1].
El Profeta Muḥammad (saus) es el mejor ejemplo de misericordia humana, por eso Allah –exaltado sea– describe la relación del Profeta (saus) con los creyentes en la surah del Arrepentimiento:
Ciertamente se os ha presentado un Mensajero de entre vosotros que se apena por vuestras adversidades, se preocupa y desea que alcancéis el bien [e ingreséis al Paraíso]; es compasivo y misericordioso con los creyentes. (surah –capítulo– 9, aleya –versículo– 128)
[1] Muḥammad ben Abī Bakr Aīūb ben Sa‘ad Šams ad-Dīn ibn Qaīm al-Ŷauzi, al-Ūābil aṣ–ṣaīb min al-kalam aṭ–ṭaīb, edición de Saīd Ibrāhīm, Dar al-Hadīṯ, El Cairo, tercera edición, 1999 EC, p. 5.
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